LA IMAGINACIÓN AL PODER O EL PODER DE LA IMAGINACIÓN - Luis Anastasía
El 30 de octubre de 1938 se produjo uno de los hechos más terribles y a la vez poco comentados. A raíz de lo que se trasmitía por radio, personas de Nueva York y Nueva Jersey invadieron las calles y caminos intentando escapar. Esa muchedumbre que se agolpó arrastró a otros consigo que reaccionaban por ver la desesperación de quienes pretendían escapar de los amenazantes gases venenosos, aumentando aún más el estado de pánico general. Algunos recurrían a toallas mojadas para cubrirse el rostro, mientras seguían escuchando las conmovedoras y trágicas palabras del relator.
Esto fue lo que ocurrió cuando Orson Welles narraba en tono tan dramático como realista la invasión a la tierra por los marcianos. Era la adaptación a un guión de radio de la famosa novela La Guerra de los Mundos, publicada en 1898 y su autor fue el novelista y filósofo británico Herbert G. Wells.
Lo curioso es que 60 años después de esa trasmisión, una radio de Portugal y otra de México hicieron una adaptación contemporánea de ese guión y provocaron reacciones similares en las personas.
El pasado primero de octubre en un programa de la radio CX36 [1] se anuncia y sostiene una serie de calamidades, intentando iluminar a la población para que se despierte y reaccione frente a los terribles hechos denunciados. Pero esos hechos tan terribles que se declararon no pasan de tener el mismo fundamento que el guión de radio leído por Welles en 1938. No resisten el mínimo análisis crítico. El título de la trascripción de la entrevista dice que “...Delia Villalba denuncia derrame de Botnia en el río Uruguay”. En ningún momento se aportan pruebas. Todo se basa en rumores.
Una brillante manipulación de la información, reconozco, pues parte de la base de una realidad relacionada con las pruebas de las piletas de tratamiento. Efectivamente durante las pruebas, que se realizan justamente para comprobar que todo esté correcto antes de empezar a operar, se detectó una pérdida por las juntas de unión de las placas de cemento que no estaban correctamente selladas. Pero esa pérdida fue descubierta y además se verificó el funcionamiento del sistema de control construido para detectar problemas: el líquido fue retenido y recogido hacia una cámara y de esa cámara fue bombeado a otra pileta. No existió nunca infiltración en el suelo ni mucho menos derrame hacia los cuerpos de agua cercanos. Basado en ese hecho, entonces ya se puede seguir desarrollando una lógica extraña: “Entonces, si esas piletas tienen sus derrames también es fácil de creer” que hace más de un mes se están derramando productos químicos. Hasta dice que se han tomado fotografías pero nadie las muestra, que nadie habla por miedo. Este es un típico argumento de quienes no pueden probar lo que no es verdadero, recurren al mínimo nivel de la escala de referencias: la gente tiene miedo. Cuando se les exige e insiste que demuestren lo que están denunciando, como en otros casos hasta la muerte de personas o el nacimiento de niños deformes, se llega al otro extremo de la escala: el gobierno oculta los hechos y la información. Así se llega a que la fuente de información más fidedigna a la que pueden recurrir es la vox populi, manera elegante de referirse a los rumores, los chismes, las habladurías.
Para comprobar que esta forma de pensar no fue un accidente o caso aislado, en la misma entrevista que le realiza el conductor de Contrapunto, Efraín Chury, Villalba habla de “la intoxicación a aquellos quince operarios con el gas sulfhídrico”. En esta afirmación vemos como se usa la mesura exagerada y un error. El error es que no fue gas sulfhídrico sino polvo de sulfuro de sodio. La mesura exagerada porque no cayó en el mismo nivel de fértil imaginación del periodista argentino que adjudicó nueve muertos por esta causa. Se refiere a quince operarios cuando en realidad fueron dos los que quedaron en observación durante 24 horas. Y no fue más que un accidente laboral, que no debió haber existido es cierto, pero no fue más que eso.
Cuando se consulta a la prensa y se cruza la información en el tiempo sobre datos de operarios efectivamente trabajando en la construcción de la planta de celulosa, se llega a un cálculo estimado de entre 13 y 14 millones de horas trabajadas. Si en ese período han podido usar sólo este hecho como un “accidente ambiental” pues me parece que estamos francamente exagerando, fuera de toda escala. Sin embargo este incidente fue tomado como accidente ambiental, derrame tóxico lo más usado para describirlo, y actuó como catalizador del estado de miedo de Gualeguaychú. A esa pequeña cantidad de polvo se le atribuye que horas después y viajando contra el viento, provocó la intoxicación de mujeres sobre el puente internacional, luego dolores de cabeza en otros que se levantaban de dormir a muchos kilómetros de distancia. Además era capaz de cambiar pues hacía sentir fuertes olores a Cloro que es imposible que el sulfuro de sodio lo tenga.
Luego han seguido acumulando argumentos que surgen de la mera imaginación alterada tales como la muerte y desaparición de abejas y colores en la lluvia atribuidas al funcionamiento de Botnia, cuando ni siquiera está operando. En el pináculo de la imaginación, Fritzler sostuvo que las manchas encontradas en el Río Uruguay es perfume que se tiró para no sentir, o disimular, el olor a huevo podrido.
En todo el desarrollo de la entrevista no se aporta un solo dato, una sola prueba, sólo presunciones basadas en rumores. Desde el principio, hasta el mismo final donde el periodista haciendo gala de más desinteligencia que sentido del humor se refiere al éxito alcanzado en materia de prostíbulos. Tema sobre el cual tampoco aporta nada cierto. Sólo porque él lo dice es verdad absoluta. No hace falta hacer investigación.
Vivimos en un tiempo en el que se apela a los derechos, derecho a la libertad de expresión, derecho a elegir el país que uno quiere o pretende. Pero los mismos que usan y abusan de este derecho olvidan que en la convivencia en la sociedad los deberes y la responsabilidad tienen el mismo peso que los derechos. El deber de informarse y la responsabilidad de no incurrir en mentiras sistemáticas. Han elegido, hace tiempo, la senda de la mentira pues ese camino exige menor esfuerzo.
Es tiempo de decir en los medios que los marcianos no nos están invadiendo.
Sauce, 5 de octubre de 2007.
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[1] http://www.infoalternativa.com.ar/hoy/index.php?option=com_content&task=view&id=5468&Itemid=41